En uno de los típicos edificios de Nueva York, había un ático en el cual retumbaban las lagrimas del cielo que cubría esa magnifica ciudad; ese hogar pertenecía a Jackson King, un rey de los negocios y de las financias, joven y guapo y también un mujeriego. Le encantaba cualquier mujer que se pusiera delante de él, en su despacho le ofrecía una magnifica copa de champaña El Diamante del que sólo pronunciando su nombre saboreabas las burbujitas en tu paladar.
Siempre conseguía lo que quería, una mesa en el restaurante más caro llamado Masa, las ultimas entradas para el más famoso de los musicales de Brodway. Podía conseguir todo lo que quisiera con tan sólo un movimiento de su muñeca haciendo su firma. Tampoco nadie lograba saber cómo controlaba a las mujeres que él quisiera.
Un día, como otros muchos, caminaba por la acera que conducía al buffet familiar donde trabajaba como abogado, llevaba consigo un café bien cargado y un donuts, en la otra mano, un maletín negro a juego con su traje color negro y todavía con el brillo de ser nuevo. En ese momento cuando estaba enfrente de su adorable trabajo se le abrió el maletín, falló el enganche que lo cerraba; y todos los papeles empezaron a volar y él detrás de ellos hasta conseguir unos, pero cuando fue a coger uno de ellos este folio se paró gracias a que un pie elegante de una mujer bellísima y con una piernas interminables lo paró sólo pisando elegantemente una esquina de ese folio travieso que se iba volando hasta la nada.
Jackson recorrió con la mirada esa pierna interminable hasta que llegó a la cara de la dueña de esa pierna, era una mujer de unos 28 años, sus ojos eran negros como una noche sin estrellas, al igual que su rebelde pelo que iba recogido en un moño, coqueto y elegante, que todavía resaltaba más su perfecta figura.
Cuando Jackson alargó la mano para coger el papel ella levantó el pie y se dirigió, veloz, a su edificio, al buffet de unos amigos de la familia. Jackson recogió como pudo el último de sus papeles y siguió la misma dirección que la misteriosa mujer, nada mas entrar al inmenso vestíbulo elegante, cubierto de un mármol blanco y negro tan reluciente que podías reflejarte en él, Jackson buscó como un loco a esa señorita de la que se había quedado prendado y cuya mirada todavía sentía cómo lo atravesaba. La buscó como cuando un ratón busca al queso, de pronto la vio subir al ascensor, pero cuando intentó entrar en él, las puertas se cerraron en sus narices viendo cómo sus labios se curvaban juguetonamente. Esperó ansiosamente al siguiente ascensor mientras le daba vueltas a esa espléndida mujer que acababa de ver; Se abrió la puerta del ascensor y saludó a otra mujer rubia de ojos azules muy bonita, sí, pero nada comparada con aquella misteriosa mujer que se le escapaba. Dejándole aturdido por completo.
- ¡Buenos días preciosidad!
- Dijo, mientras un hombre algo más bajo que él le ponía un brazo por encima. Llevaba barba, así escondía su rostro infantil y algo rechonchote:
- ¡Fiesta en el restaurante que se llama Los Cuatro Ases por mi cumpleaños que ya supero la treintena...a las diez allí! – Dijo sin darle tiempo casi ni a reaccionar.
- Tranquilo James que allí estaré ahora tengo que ir a ver al manda más.
Iba caminando por el pasillo y guiñando un ojo a cada mujer o haciendo cualquier gesto a sus compañeros; hasta que llegó al gran despacho, se ajustó el nudo de la corbata, dio unos golpes y en los siguientes segundos se oyó desde dentro:
- ¡Adelante!.
En ese momento vio en uno de los asientos de piel las piernas que le habían parado su papel, su valioso trabajo; se acercó a la mesa que tanto conocía y se sentó en los cómodos asientos de piel negra elegante.
Tuvo que mover rápidamente la cabeza porque estaba como en el cielo, en las nubes, desorientado… al fin, nerviosos, alcanzó a decir:
- Buenos días Señor Leyn...
- - ¡Ni buenos días ni nada de eso! ¡Y menos señor Leyn... Jackson he visto que tu trabajo es muy individual así que hemos contratado para el caso de abuso de la Señora Marx y del Señor Marx al que, según ella, hay que sacarle los hígados porque antes de pegarle le puso los cuernos. Por ello quiero que lo vea desde dos puntos de vista diferentes, desde el suyo como hombre y desde el punto de vista de una mujer. En ese momento tendió la mano a la mujer que había a su lado y le siguió contando:
- Esta es Vera Velthenson, hija del magnate George Velthenson, cuídala y ten cuidado porque por lo que me ha dicho su padre tiene mucho carácter... demasiado creo que es la palabra que usó su padre.

- Carácter tengo igual que él, me gusta el trabajo igual que a mi madre y siempre, según mi padre, doy en el clavo. En cualquier caso de abuso... busco y encuentro solución.
- ¡Bueno! Pues empezar a trabajar, Jackson tiene toda la información... si necesitáis ayuda podéis coger el teléfono y llamar a la policía para ver quien llevó el primer abuso de la Señora Marx... aunque luego ella la quitara.
Salieron del despacho, Vera primero. Mientras se dirigían al despacho en el que el nombre de J. King destacaba en la puerta, se daba cuenta que el propietario de ese despacho iba mirando cómo contoneaba con gracia sus caderas... y le agradó que lo hiciera, pero sabía que no iba a caer otra vez en sus redes como cuando lo hizo en la universidad, ¿se acordaría él de lo que le hizo pasar?...Últimamente le gustaba pasar inadvertida porque se vestía y se ponía complementos que no iban con ella para que los chicos no se fijaran en ella con los mismos ojos que miraban a las demás chicas.
Ella estaba feliz de haber conseguido encontrarle para vengarse de él y hacerle pagar caro el acostarse con ella, para robarle su trabajo del último año de carrera... Ella haría lo mismo consiguiendo por sí sola todos los meritos de ese caso.
Cuando llegaron al despacho se paró en seco y Jackson casi se choca con ella, si antes no le hubiera parado su secretaria, una mujer sin cerebro y guapa para decirle que su corbata era muy bonita y que tenía toda la información del caso encima de la mesa.
Su despacho era parecido al del Señor Leyn, las paredes eran de un color claro y los muebles oscuros, los sofás se adaptaban fácilmente al contorno de una persona fuera hombre o mujer.
Vera se sentó tranquilamente en uno de esos butacones de color negro y esperó unos segundos a que Jackson reaccionara, este lo hizo en unos segundos y enseguida dijo:
- Aquí tenemos toda la información, verás que tenemos las fotos que le hizo como prueba la policía, verás los golpes que tiene en la cara como las patadas en la espalda...
Vera le interrumpió:
- ¿Dónde está la copia de la primera denuncia que hizo la señora Marx, aquí no la veo?
- No la tenemos ella la quitó enseguida y dice que no la tiene que la tiró nada más salir de la comisaría, ella pensaba que su marido...
- Iba a cambiar -le interrumpió. -como todos, prometen la luna y luego no la tienes.
En ese mismo momento entró la secretaria de Jackson interrumpiéndoles.
- ¿Cuántas veces te he dicho que llames antes de entrar, Ninne?
- Discúlpeme Señor King, no volverá a pasar, Quería preguntar si querían comer algo.
-¡Ya es la hora de comer!- exclamo Vera, mientras miraba su reloj. Se le había pasado el tiempo volando.
- Vera, vamos a descansar un poco, te invito a comer y luego por la tarde venimos y seguimos con el caso.
- Mejor después de comer vamos a la comisaría a ver al Señor Marx.
Se apresuraron a ir un italiano que estaba cerca de la Zona Cero.
Mientras se sentaban, Vera pensaba cómo podía ser tan galante si en la universidad era un buscón...un putón verbenero hablando claro, con esa sonrisa tan perfecta y con esos ojos verdes que eran como dos esmeraldas.
Jackson pidió un vino de mesa tinto típico de Italia.
Mientras bebían sorbo a sorbo Jackson le preguntó:
- Se puede saber ¿Por qué no trabajas bajo el techo de tu papa en su buffet?
preguntó con rin tin tín y con una sonrisa burlona en su cara.
- Porque no quiero ser una enchufada allí, además que más te da a ti, donde trabaje con tal de que ganemos el caso.
- Mira Verita, yo no soy tonto y sé que eres la hija de quien eres y sé que con ese apellido puedes ir donde tú quieras.
Vera al oír eso se fue del restaurante, desapareciendo de allí a paso ligero haciendo taconear sus temidos tacones de aguja negros que eran tan elegantes como la noche, hasta llegar caminando a su casa, su piso del que estaba tan enamorada desde el primer día, luminoso, elegante y clásico, tal y como estaba acostumbrada a vivir desde que era niña, su madre le había ayudado a decorarlo entre lo juvenil y lo clásico..
Fue a su habitación, se puso su pijama y se fue al salón a llamar por teléfono al Señor Leyn.
- Hola, Señor Leyn, me gustaría trabajar en el caso de la Señora Marx desde casa porque no me encuentro muy bien de salud
- Pero Vera ¿Te pasa algo?...
- No se preocupe sólo que estoy mala.
- Vale, vale, pero ven lo antes posible para seguir con el caso con Jackson
- No se preocupe y gracias.
Sacó de su maletín toda la información que tenía sobre el caso y la fue analizando poco a poco. En ese instante sonó el timbre de la puerta. Se había quedado dormida, no se lo creía ¡Tan cansada estoy!; volvieron a insistir, mientras Vera se iba moviendo soñolienta por el pasillo y quitándose el moño que ya lo tenía caído por los hombros, se lo acabó de quitar nada más llegar a su puerta.- Sí ¿Quién es?
Nadie contesto, se dio la vuelta y se fue desabrochando la blusa blanca por el camino pero volvió a sonar el timbre, pero esta vez con mas fuerza, enfada se acercó de nuevo a la puerta y dijo:
- Quién llama a estas horas- Se abrocho un botón de la camisa y abrió -¿Pero tú qué pintas aquí?
- Nada que estaba preocupado por mi compañera... ¿Te encuentras, bien? Dijo mientras escondía una sonrisa picarona tras sus labios.
- Yo estoy bien -contestó Vera rápidamente -tú qué pintas aquí... no me has contestado.
- Pues! ...que quería seguir con el caso - dijo mientras sus ojos bajaban a la blusa desabrochada de Vera; ella enseguida se echó la mano por encima y se fue hasta el sofá.
- Me voy a poner algo más cómodo, ¿te importa esperar unos segundos?
Él negó con la cabeza. Estaba frente a un espejo en el que sin querer se reflejó la espalda de Vera mientras se quitaba la camisa. Sabía que no debía mirar pero estuvo unos segundos más hasta que sin darse cuenta cogió una foto en la que salía Vera con su padre, se parecían mucho, eran como dos gotas de agua lo único que los diferenciaba era el color ambarino que tenía de su madre.
-¿Se puede saber qué miras?
- Miraba cómo te pareces a tu padre.
Jackson se dio la vuelta y vio a Vera con un vaquero que se ajustaba perfectamente a sus largas piernas que acaban en unas chanclas de color marrón con unas conchas pagadas a un lateral...estaba preciosa, Jackson tenía ganas de acercarse a ella y no separarse jamás, estar juntos, pero sabía que algo le pasaba cuando más se acercaba a ella, Vera levantaba una pared de hielo que le impedía pasar a notar su calor que tanto el necesitaba urgentemente.
-¿Te pasa algo?- preguntó con una sonrisa juguetona, Vera, sabiendo lo que esa situación estaba haciendo por dentro a Jackson Éste carraspeo un poco y contestó:
- Nada, que hace calor aquí ¿No crees?- mientras decía esas palabras fue a abrir una ventana que daba a la terraza.
Poco después se sentaron cómodamente en el sofá para seguir con el caso que tanto dolor de cabeza les estaba dando, tenían que ganarlo porque la Señora Marx no iba a soportar que su marido saliera otra vez de la cárcel para ir a por ella de nuevo.
Pasada ya la medianoche se relajaron un poco, Vera fue a servir unas cervezas para los dos; mientras ella sacaba las bebidas de la nevera, Jackson cogió los vasos, cayéndosele uno.
- ¡No pasa nada Jackson!... a mi me ha pasado más veces- decía Vera mientras Jackson se agachaba a recoge los cristales-¡No, no lo hagas!
- ¡Mierda! Me he cortado.
Con una sonrisa de no haber roto un plato nunca Vera se le acercó y le dijo:
- ¿Qué pasa?, no te enseñaron a no coger los cristales del suelo...espera que voy a por agua oxigenada y una tirita.
En un instante volvió. Jackson estaba sentado en el suelo de la cocina porque ya había recogido los cristales y se estaba secando la sangre con un pañuelo de cocina.
- No hagas eso espera por lo menos a ponerte algo para que no te duela, con cualquier cosa que cojas...
Mientras le ponía desinfectante, él la miraba con unos ojos con los que no había mirado a ninguna mujer... “Pero qué me pasa, esta mujer me tiene hechizado...¡Joder! es tan guapa y lista y simpática y ...”. Sus ojos fueron a parar sin querer a la poca espalda que enseñaba su camiseta y pantalón, ahí había un tatuaje de una rosa muy pequeña, así que dijo:
- ¿Qué pasa que esa marca fue una rebeldía de Verita?
- Sí, lo es, me gustó mucho y me lo puse nada más cumplir los 21...
- Y, ¿se puede tocar? - Dijo alargando la mano.
- Si no quieres que te pinché, es que está hecho en relieve...así que ten cuidado...lo siento pero no tengo otra tirita que no sea de Mickey, es que son de mi sobrina...
En ese momento los ojos de Jackson y Vera se unieron y cada uno nadaron en los de su opuesto; poco a poco se fueron juntando cada vez más...hasta que casi se besan, pero no fue así porque uno de los dos rozó el bote de agua oxigenada y se cayó por la camisa de Jackson...
- Ups! Lo siento...quítate la camisa..ahora te la lavo..si quieres claro- dijo temblorosa Vera.
Jackson se quitó la camisa azul, que tanto le gustaba, Vera vio cómo se le marcaban los abdominales, al mismo tiempo sin darse cuenta el color rojo subió a sus mofletes.
- ¿Quieres algo de cenar?
- Sí, claro...pedimos comida china, para traer... ¿te gusta?
- ¡Sí!... espera un momento que voy al cuarto de baño a dejar estas cosas...
“Como puedo estar tan acalorada, no, no, no es imposible que me esté enamorando de él...¡Que no es posible!”. Se decía Vera mientras dejaba las cosas en el baño y se arreglaba un poco.
Salió al salón, Jackson estaba en la terraza viendo las luces de esa ciudad que embrujaba nada más verla. Vera fue a la cocina cogió dos copas de vino y una botella y salió a la terraza; nada más verla Jackson dijo:
- ¿Qué pasa...que ya has caído en mis redes?
- No tranquilo no soy tan mosquita muerta...es sólo unas disculpas por haberte manchado la camisa.
- No pasa nada, así estoy más fresco... no le des vueltas, Vera no merece la pena... has visto cómo se viste nuestra ciudad esta noche.
- ¿Nuestra?...me parece que no, que es de unos cuantos más millones de personas...
- Ya, pero hoy por la noche es especial... porque estamos aquí solos...
Jackson, se fue acercando, poco a poco, a Vera y ésta se decía a sí misma “No des ni un paso más”...
-RING RING… “Salvada por la campana”, pensó Vera.
- ¡Voy! Será la cena.
- ¿Sabes comer con palillos o llevo cubiertos? – Le preguntó Vera desde la cocina
- Sí, sé comer con palillos, ¿y tú te sabes defender con ellos?
Vera se rió. A Jackson le gustaba oír su risa, era dulce como un caramelo. Empezaron a cenar en la terraza y a hablar de cuáles eran sus aficiones, de qué música le gustaba...al oír esta ultima Vera se echó a reír.
- Pero de qué te ríes.
- De que no te pega nada el Jass como música preferida...te pega más rock...no sé…
En ese instante Jackson saltó sobre ella y del susto que se llevo, tiró los tallarines por la terraza en busca de algún caminante que pasara por allí, cuando se dieron cuenta se asomaron juntos y empezaron a reírse cuando vieron que habían caído encima del portero.
- Me parece a mí que mañana le tendré que dar algo...
- Algo como ¿qué?- interrumpió rápidamente Jackson, mirándole a los ojos
- Pues por ejemplo 20 dólares para que se pueda lavar el traje.
Entre algunas risas más y un poco de vino se les fueron poniendo los ojos chirivitas, sin darse cuenta en uno de eso momentos que son incómodos con el silencio se besaron
pero enseguida Vera dijo.
- ¡Oh! No...esto no puede ser...no puede estar pasando.
- Pero que dices...si sólo nos hemos besado.
- ¡Vete de mi casa!..¡Sal de aquí!
- Pero ¿Qué te pasa?... ¡No pasa nada!
- ¡Que te vayas de mi casa, ahora mismo!
Jackson cogió su camisa y su chaqueta enfadado, cerró la puerta y salió, mientras pudo oír a Vera que decía:
- Lo siento...
Jackson cerró la puerta con un portazo seco.
Vera se quedó allí, paralizada, durante diez minutos hasta que reaccionó y fue a la terraza a recoger la comida. Se metió en la cama a intentar dormir, pero no lo conseguía sólo daba vueltas de un lado al otro, pero no podía, tenía en la cabeza aquel beso rápido que interrumpió ella porque no podía pasarle eso a ella después de lo que le habían hecho a su familia los King, “No me puedo enamorar de ese hombre, no, no, no y no me va a pasar”.
Sonó el despertador a las siete de la mañana, deseó que lo que había sucedido la noche anterior fuera un sueño, pero ella sabía en el fondo de su alma que no era así.
Se vistió, se recogió el pelo en una coleta alta para que no le diera calor y salió de su casa, mientras se iba tranquilizando ella misma fue leyendo los papeles del caso de la Señora Marx, para mantenerse ocupada de alguna forma.
Llego al buffet y enseguida recibió una tarjeta diciendo que estaba invitada al cumpleaños de James Jeth, el mejor amigo de Jackson; iba a decir que no de in mediato, pero se quedó un poco pensativa diciéndose “Si voy me lo encontraré y no sé que seré capaz de hacer, mejor huyo como una gallina...pero si huyo él verá que me importó el beso...entonces iré para que vea que no me importó ese beso lo más mínimo”, pero en su interior sabia que sí le había importado hasta el punto de poderse enamorar de él.
Se fue directa al despacho de James, diciéndole a la vez que abría la puerta:
- ¡James! Voy a tu fiesta, necesitas que lleve algo de comida o de beber..
- No gracia ¡todo esta solucionado!
Vera se sintió feliz de haber tenido el valor de ir y decírselo.
Cuando llevaba una sonrisa en la boca por el pasillo se cruzó con Jackson, se quedó sin respiración, se movía torpemente en sus altos zapatos, de tal forma que se desmayó, en ese instante Jackson la cogió al vuelo mientras sus papeles caían como copos de nieve a su alrededor.Vera se despertó aturdida encima de una mesa, “¿Dónde estoy, qué me ha pasado?” se preguntó mareada.
- ¿Estás mejor, Vera?
Esa voz la conocía, sabía quién era e intentó reaccionar rápidamente pero se volvió a marear y se tumbó otra vez en la mesa maldiciendo esa bajada de azúcar
- No, no, estoy bien...si te parece tumbada en una mesa...que no es muy cómoda.
- Ey! Tranquila gatita no saques tus uñas...¡Que sólo te he cogido al vuelo cuando te has desmayado!.
- ¡No! No me llames así...nunca.
- Ja, Ja, ¿qué pasa, te molesta? Toma un poco de chocolate- dijo Jackson mientras se lo daba en la boca. “¡Cómo me gustaría ser este chocolate que se derrite en su boca...no, no, no, ella no es fría, es la reina del hielo!”.
- ¿Te sientes mejor? Preguntó.
- Sí, gracias. Si no te importa podías ayudarme a levantarme, me harías un gran favor.
Mientras Jackson le ayudaba olió su perfume de vainilla. Le encantaba. Con disimulo, bajó su mano hasta la fina línea que diujaba su trasero en la falda de tubo que llevaba, pero Vera fue más rápida que él, porque le dio una bofetada. Él dolorido y con la mano en la mejilla dijo:
- Y ahora, ¿qué te pasa?
- Que tú no eres quien para tocarme el, el...trasero
- Vale, vale tranquila mujer, no te pongas así, bueno cambiando de tema aquí tengo las fotos de la señora Marx, vete mirándolas mientras nos vamos a la policía porque nos vamos ¡ya!- Mientras él tendía el abrigo a Vera, esta lo cogió de sus manos y se lo puso sola.
Salieron los dos a la vez del parking del buffet rápidamente en el coche de Jackson, mientras éste conducía tranquilamente Vera iba mirando las fotos de la Señora Marx. Se le pusieron los ojos vidriosos al ver el dolor que tenía física y sicológicamente. Sin darse cuenta Jackson le abría la puerta de su coche es ese momento Vera le miro a los ojos y entre rabia y lágrimas dijo:
- Hay que encerrar a ese cabrón, vamos a ello.
Entraron los dos a la comisaría, él tranquilo, ella nerviosa y fueron hasta la sala de interrogatorios donde estaba el Señor Marx con su abogado.
Nada más entrar Vera empezó a decir:
- Señor Marx, ¿cómo se sintió cuando le puso las manos encima, se sintió un hombre cuando pegó a su mujer? - dijo enseñándole las fotos
Enseguida salió su abogado en su defensa diciendo:
- Si no le importa yo soy su abogado y usted no es nadie para hablar asñi a mi cliente, perdón una niñita mimada de su papá y de su mamá, los Señores Velthenson...
- Disculpe Señor Foxen no es el caso de la Señorita Velthenson, sino el de su cliente que ha maltratado a su mujer esperando que saliera impune de aquí y no va a ser así. Debe saber que pueden caerle entre treinta y treinta cinco años de prisión y cuando salga no podrá acercarse a su mujer, ni la llamarla por teléfono.
- ¡Estás de broma, verdad!, no va a estar encerrado tanto tiempo, no serán ni quince años para eso están los psicólogos.
- Si quieres negociar la última oferta son veintitrés años y si no vamos a juicio y podemos hacer que le caiga la perpetua además de las condiciones que hemos dicho ya antes.
Durante unos segundos el abogado Foxen y el Señor Marx estuvieron hablando cuchicheando entre ellos, hasta que con una sonrisa de loco dijo el Señor Marx:
- Pero ¡Si me dice que le pone!
Jackson hizo adán de pegarle, pero Vera fue más rápida que él porque se puso en medio de los dos y dijo al Señor Marx:
- Sabe lo que me pone a mí que gente como usted se vaya a pudrir en la cárcel.
Vera cogió a Jackson del brazo impidiendo así que fuera a pegar al Señor Marx, diciéndole a la vez:
- ¡Déjalo ya!, no merece la pena, le van a pegar bien allí donde va.
- Pero no soporto que trate a las mujeres como si fueran un pañuelo, mira lo que le ha hecho a su mujer que parece una mora de los moratones que tiene.
- Vamos a hacer una cosa Jackson, hoy por la noche en Los Cuatro Ases, si no recuerdo mal, es la fiestas de James, vamos allí, nos lo pasamos bien, bebemos algo y ya está, ¿trato hecho?.
Jackson la miró, y pensaba “La mujer de hielo se estaba derritiendo, imposible.¡Joder! me encanta esta mujer es sexy y de hielo, dos combinaciones totalmente incompatibles”.- ¡Ey!, baja de las estrellas.
- Es verdad que tengo que bajar porque ya tengo aquí una- contestó Jackson olvidando el problema que había tenido con el Señor Marx.
Se fueron otra vez los dos al buffet donde todos empezaron a aplaudir como locos, ya había llegado el caso hasta ellos; Vera se puso roja como un tomate. Sus mejillas se encendieron como dos luceros, Jackson se pegó a ella de tal forma que Vera se dejó empujar hasta su despacho con él.
Vera llegó a su despacho nerviosa, se colocó detrás de su mesa y dijo:
- ¡Lo hemos conseguido!- decía mientras se descalzaba sus zapatos de tacón- estoy agotada con ellos.
- No entiendo, la verdad, como podéis las mujeres andar encima de esos andamios.- comentó Jackson.
- Práctica, de pequeña me ponía los de mi madre y andaba por toda la casa con ellos, un recuerdo un poco estúpido...
- La echas de menos, verdad...
- Sí la hecho de menos. Tengo que ir a visitar a mis padres a Londres a ver si me cojo unas vacaciones porque me encantaría volver allí y montar a caballo, tomar un desayuno tranquilo con mi padre mientras mi madre está por el jardín ¿Al final cómo va a ser la fiesta de James?
Jackson vio cómo los ojos de Vera se oscurecían, se entristecían, se acercó a ella cogiéndola del cuello y empezó a besar sus lágrimas con pequeños besos recogiendolas poco a poco. Sorbió la nariz y miró a Jackson a los ojos, se puso de puntillas y le dio un beso en los labios sencillo y dulce, Jackson puso sus brazos alrededor de su cintura inundándose de su perfume. Se separaron despacio, los dos, con una sonrisa tonta se cogieron de la mano, salieron del buffet y fueron a comer a un restaurante italiano muy pequeño cercano a Central Park, se sentaron en la terraza y empezaron a leer la carta pero Jackson, en vez de leer, miraba a Vera, ésta con cada mirada que le daba se reía y en una de ellas dijo:
- No soy guapa, puedes dejar de mirarme...
- No, no puedo dejar de mirarte porque eres la mujer más bella de este lugar, miento, de Nueva York, mmm vuelvo a equivocarme, del mundo entero.
Vera no pudo parar de reír, hablaron del colegio, de su familia, Jackson intentó sonsacarle algo de la universidad, pero enseguida cambió de tema diciéndole:
- Me recoges a las diez de la noche para ir a la fiesta de James ¿Vale?.
- ¡Claro! ¿Dónde te vas ya?
- Voy a hacer pellas dile al Señor Leyn que me encuentro mal porque me ha sentado mal la comida.
- Pero ¿A dónde vas?
- Ya veras...
Vera giraba la esquina del restaurante y mientras empezó a hablarse así misma diciendo: “Cómo me puedo estar enamorando de él, de ese personaje que me hizo eso, hoy le diré quién soy y lo que me hizo, se lo diré hoy en la fiesta de James”.
Vera fue caminando hasta la Quinta Avenida 725, a la tienda de Gucci, allí directamente entró en el probador con cinco vestidos, modelos diferentes, los que más le gustaban, se fue probando uno por uno. Cuando se probó un vestido rosa largo, no le gustó, pensaba que parecía un pastel con piernas se rió de su propio comentario, luego se probó un vestido verde corto, pero tampoco le gustó porque le quedaba muy arrugado en la parte del vientre. Así fue poniendo pegas a los cinco vestidos que se puso en el vestuario. Al salir se los dio a una dependienta, y, cansada de estar allí encerrada, se enfadó consigo misma porque no le gustaba ninguno de los que se había probado, pero mientras ella abría la puerta entró un hombre con muchos vestidos más de la otra tienda que tenía Gucci en esta misma ciudad. Llevaba un vestido morado bajo una tela negra con el nombre de Gucci que lo depositó sobre el mostrador, allí la dependienta lo abrió, Vera se quedó prendada del vestido, lo cogió y se fue volando hacia el probador. Le quedaba muy bien, se ajustaba a la perfección a su silueta. Era perfecto.
- Me recoges a las diez de la noche para ir a la fiesta de James ¿Vale?.
- ¡Claro! ¿Dónde te vas ya?
- Voy a hacer pellas dile al Señor Leyn que me encuentro mal porque me ha sentado mal la comida.
- Pero ¿A dónde vas?
- Ya veras...
Vera giraba la esquina del restaurante y mientras empezó a hablarse así misma diciendo: “Cómo me puedo estar enamorando de él, de ese personaje que me hizo eso, hoy le diré quién soy y lo que me hizo, se lo diré hoy en la fiesta de James”.
Vera fue caminando hasta la Quinta Avenida 725, a la tienda de Gucci, allí directamente entró en el probador con cinco vestidos, modelos diferentes, los que más le gustaban, se fue probando uno por uno. Cuando se probó un vestido rosa largo, no le gustó, pensaba que parecía un pastel con piernas se rió de su propio comentario, luego se probó un vestido verde corto, pero tampoco le gustó porque le quedaba muy arrugado en la parte del vientre. Así fue poniendo pegas a los cinco vestidos que se puso en el vestuario. Al salir se los dio a una dependienta, y, cansada de estar allí encerrada, se enfadó consigo misma porque no le gustaba ninguno de los que se había probado, pero mientras ella abría la puerta entró un hombre con muchos vestidos más de la otra tienda que tenía Gucci en esta misma ciudad. Llevaba un vestido morado bajo una tela negra con el nombre de Gucci que lo depositó sobre el mostrador, allí la dependienta lo abrió, Vera se quedó prendada del vestido, lo cogió y se fue volando hacia el probador. Le quedaba muy bien, se ajustaba a la perfección a su silueta. Era perfecto.
Se había hecho tarde por lo que se fue directa a su casa. Allí se vistió y se maquilló. Cuando terminaba sonó el timbre del portal y abrió, se puso los zapatos negros que tanto le gustaban y fue a abrir la puerta. Apoyado en el marco de la puerta estaba Jackson, muy guapo, llevaba puesto un traje negro con una camisa blanca, en una de sus manos había una cajita, como Jackson no reaccionó, Vera dijo:- ¿Eso es para mí?
- ¡Eh! Sí, sí es para, esto....estás preciosa.
- Bueno no será para tanto Jackson.- decía Vera mientras abría la cajita que le había dado, cuando la abrió vio una gargantilla de plata y una perla en medio con tres diamantes a cada lado, Vera se quedó sin habla, era elegante y muy bonito.
Jackson se colocó detrás de ella y le puso la gargantilla alrededor del cuello. Cuando Vera sintió sus manos tocándole el cuello el pelo se le erizó, cuando acabó de abrochársela Jackson le dio un beso en el cuello y dándole la vuelta la beso en los labios carnosos.
- Si seguimos aquí no llegamos a Los Cuatro Ases, ¡Venga vamonos!- dijo Vera mientras cogía a Jackson de la mano en dirección a la calle.
Durante el trayecto que había de casa de Vera al restaurante Jackson hablaba consigo mismo diciéndose “Está guapísima, pero eso tambien lo está a diario, además de ser guapa, es inteligente, cómo me puedo estar enamorando de ella si apenas la conozco pero es que me gusta toda ella, le voy a decir que la quiero, pero puede que huya si oye esas palabras. Si me contesta lo mismo, bien y si no pues también, desapareceré de su vida”.
Vera a su vez iba pensando “Sé que me he enamorado de él, pero por encima del amor valoro lo que me hizo esa noche, no la borraré de mi mente aunque me esté locamente enamorando, no la olvidaré, mientras que a él sí lo puedo olvidar, cueste lo que cueste lo haré”.
![[gargantilla.jpg]](https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiJyU_0a6A-cVsU4yUgvSZZMBa2MSnqf4uyvwc0Lht5x75l6taLirab02clpNpHRLjiMeKy8tR2Fyntg5S_e1guT80xufOA-Qb6nHQ4I4ENnnJ9PIqA3j9C9lbn6oobtrls_ReTxpPVi3CF/s1600/gargantilla.jpg)
Llegaron a Los Cuatro Ases, el restaurante donde James les había citado a todos los del buffet, este restaurante vestía su fachada de color cobrizo por culpa del ladrillo y sus ventanales eran grandes, adornados por las cortinas que lo cubrían. Cuando entraron en el restaurante un metre les guió hasta la segunda planta que la había alquilado James. Había una luz muy tenue que hacia que ese espacio fuera romántico.
Cenaron unos platos exquisitos que enamorarían a cualquier paladar y después de esto unas palabras del cumpleañero y un brindis con el champán más caro que habían encontrado en las bodegas del restaurante.
Entre risas y conversaciones llegó la hora del baile, James sacó a su prometida y a partir de ahí todas las parejas empezaron a bailar.
Vera estaba sentada en su mesa saboreando el champán de su copa mientras se movía en su silla al son de la música, sin darse cuenta Jackson fue por detrás de ella y le tendió su mano para que bailara con el ella, la cogió con una sonrisa en la boca pensando en cómo se lo iba a decir. Nada más llegar a la pista de baile allí, Vera empezó a decir:
- ¿Te ha gustado todo lo que ha montado James por su cumpleaños?
- No, la verdad es que no me ha gustado porque no estaba al lado de la mujer más bella del mundo entero.
Vera rió con ganas:
- Me gustaría decirte una cosa Jackson pero no sé cómo hacerlo...
- Tranquila, todo va a salir bien, dímelo.
- Nunca he hablado de la universidad...siempre que tú has sacado el tema me he cerrado en banda, pero te lo voy a decir. Sé que tú y que yo estudiamos en la misma universidad, en Cambridge ¡Por favor no digas nada!, yo te conocía de vista- decía Vera mientras sus ojos se ponían a punto de llorar- y tú a mí también, lo que pasa es que yo me escondía así – Vera se acercó a la mesa donde había estado sentada, se puso las mismas gafas que había llevado en la universidad y una chaqueta de la que no se separaba en Cambridge.
Cuando Jackson vio quién era, se puso nervioso, no sabía cómo reaccionar y estuvo así durante unos segundos hasta que titubeante dijo:
- Yo...lo siento, no me acordaba, pero tú eras…¡Eso es imposible!
- No, no es imposible…ahora te acuerdas de lo que hiciste, verdad, cómo te aprovechaste de mí para quitarme la tesis, ¿verdad?...te acuerdas lo feliz que estabas cuando acabaste de leerla y te dijeron que ya eras abogado, imagínate cómo me quedé yo cuando me quitaste mis palabras. Cuando me enteré de que trabajas para el Señor Leyn tiré de mi apellido para entrar aquí y arruinarte la vida, pero con lo que yo no contaba es que me enamoraría de ti. ¿Sabes? Podría hacer que te quitaran tu licencia por esa chiquillada...pero no lo voy hacer si tú te vas de mi vista y sin querer saber nada de mí.
- Al oírla, Jackson, apenas le quedaron fuerzas para decir:- Yo te quiero Vera...Te amo y además...
- No digas eso porque yo también siento eso por ti, pero por encima de todo está lo que me hiciste pasar. Adiós Jackson.
Allí se quedó Jackson, plantado, sin saber cómo reaccionar. Vera llegó a casa llorando, se tumbó en su cama y deseó que nunca hubiera ocurrido lo que había pasado en esos días. Lo deseaba con todo su ser y, cuando se cansó de llorar, se durmió.
Al día siguiente se despertó con el vestido puesto de la noche anterior, se duchó, escribió su carta de dimisión, fue al despacho del Señor Leyn y la dejó allí.
Desde el ascensor, echó un último vistazo y se fue otra vez a su casa. Llamó a Londres. Deseaba volver allí no quería estar ni un día más en Nueva York, esa ciudad le repulsaba como nunca lo había hecho.
Tardó una semana en empaquetar todas sus cosas. Las que no quería las tiró.
El último día, por la tarde, descansando de la mañana tan ajetreada que había tenido y en la que, por fin, había mandado sus cosas a Londres, cosa que le había servido de gran ayudada para no pensar en Jackson, mientras tomaba un té, sonó su teléfono:
- Sí, dígame ¿quién es? ...
- Hola Cariño, ¿qué tal? Soy papá.
- Hola papá, ¿cómo estáis por ahí?.
- Todo bien cariño, tengo que decirte una cosa...
- ¿Qué ha pasado, está mamá mala, o tú?-interrumpió asustada Vera.
- Nada, Vera, no te preocupes estamos los dos bien, aunque ya conoces a tu madre como le gusta hacer una fiesta en cuanto puede...pues...
- ¡No! No me digas que ha empezado a preparar una fiesta para cuando llegue, por favor, dime que no es verdad, papá
- ¡Ojalá te pudiera decir eso cariño, pero no es así!
- Bufff...¿Cuándo la quiere hacer? Porqué tendré que asistir, ¿verdad?, no tengo escapatoria.
- La quiere hacer al día siguiente de tu llegada, hija, y no creo que haya escapatoria porque la lleva preparando unos dos días ya.
- Bueno iré, pero dime que no hay muchas personas....por favor
- ¡Eh! Hija creo que la línea se va a cortar...lo siento, ya te veré.
Vera colgó, se quedo pensativa, sabia que si su propio padre no la había contestado es que iba a ver mucha gente a la que tendría que saludar y sonreír como si fuera tonta.Recogió la taza del té, se dio un baño de espuma y se fue a dormir, estaba en su cama, enseguida cayó en un sueño profundo o en una pesadilla porque estaba en la habitación de la universidad donde estudió y allí estaba él, él innombrable, allí estaba. Se levantó repentinamente, estaba acalorada por el sueño que había tenido, eran las seis de la mañana, no podía hacer nada hasta las siete, así que se levantó, se puso a desayunar y a intentar estar tranquila. Acabó todo lo que le faltaba por recoger, se vistió con unos simples vaqueros, una camisa y botines y se dirigió al aeropuerto, allí se compró una revista de cotilleo y esperó hasta que embarcó. Cuando estaba en el avión se puso a escuchar música y a dormir. Cuando se quiso dar cuenta había llegado a Londres. La voz del piloto le había despertado diciendo que habían llegado bien.
Se estiró un poco y salió del avión dirigiéndose a por su maleta. A la salida la estaba esperando el Señor Marthon, el chófer de su familia.
- Buenos días, Jack. ¿Qué tal está?
- Todo bien Señorita Vera- dijo con su acento inglés.
Llevaba puesto un uniforme negro decorado con pequeños botones dorados, subió tranquilamente a la limusina, mientras Jack daba la vuelta para montar en el coche.
Vera se puso frente al cristal mirando todas las imagines de Londres de las que ya casi no se acordaba. Llegaron su casa y sus padres salieron a recibirla.
- Hola mama- dijo, ilusionada, mientras ponía dos sonoros besos en las mejillas de aquella mujer
- Hola papá- a éste le dio un abrazo y le guiñó el ojo.
Entraron todos allí, al tiempo le contaba a su padre el caso que había llevado del abuso de la Señora Marx. Éste se sorprendió de que no hubieran ido a juicio, diciendo que en su época se iba a juicio, comió con sus ellos tranquilamente y luego se fue a su amada biblioteca que tanto le gustaba de pequeña y con la que ahora no podían pasar tanto tiempo juntos. Recorrió con la mirada las estanterías de castaño, una a una, observando todos los libros que allí había, cogió uno que desde pequeña le había gustado se llamaba Las Lágrimas De Shiva, se enfrascó en él y no se dio cuenta que su madre había entrado para decirle:- Cariño han dejado esto para ti.
Vera miro en dirección a su madre, ésta sostenía un ramo de rosas rojas con una rosa blanca en el centro. Mientras las observaba desde lejos, su madre siguió hablando: - Alguien te ha hecho daño, ¿verdad, mi niña?
- Mamá, déjalo, ya no importa, por favor...
Su madre salió de la biblioteca sin nada en las manos, al poco rato el perfume embriagador de las rosas llegaron hasta ella y pensó “Habrá que ponerlas en agua”.
Fue a por un jarrón, lo llenó y lo puso en el recibidor, “la verdad es que son preciosas”, antes de colocarlas cogió un papel que había entre ellas, sabía de quien eran, pero no tenía el valor para coger la nota y leerla. Estuvo con ella dándole vueltas sin parar, en el sofá, junto a la chimenea, su padre le vio con ella en la mano y le dijo:
- Si tantas vueltas le das es que lo quieres y demasiado ...¿Por qué no la abres?
- Porque tengo miedo de lo que ponga.
- Pero nunca sabrás lo que pone si no la abres.- dijo su padre mientras se levantaba del sofá, le dio un beso en la frente y se dirigió hacia las escaleras.
Vera, temblorosa, empezó a leer la carta con el corazón tan acelerado que parecía que lo tenía en las mano. Mientras, en su cabeza, retumban las líneas de la carta que decía así: “Queridísima Vera: Te Quiero, y pensarás que una carta perfecta no debe empezar por el final, pero como sabes yo voy al revés. Desde el día que te vi supe que ibas a volverme loco, que ibas a estar en mi cabeza, pero lo que yo no sabía era que de mi cabeza ibas a pasar a mi corazón; traspasaste todos los muros que puse para que no ocurriera nada, para que no cayera rendido a ti, pero hasta el más tonto recae otra vez en la droga que es el amor. Ahora me voy a los años de universidad, sí a esos años que no te gustan recordar. Yo no fui quien entró en tu habitación y se acostó contigo fue otra persona que llevaba mi chaqueta de baloncesto puesta...espero que recuerdes que llevaban los nombres puestos en la espalda, debiste de arrancar una de las letras cuando quiso huir la persona que te hizo eso, porque me dejó la chaqueta colgada en el vestuario sin mi inicial, y supusiste cuando por la mañana encendiste la luz que había sido yo por la “J”. Además se debió llevar tu tesis y mi orgullo, dejando allí la prueba de la mentira. Ahora quiero dejar el pasado y que te hagas una pregunta a ti misma ¿le quiero o no lo quiero?.
Con todo el cariño que has hecho que renaciera como el ave fénix de entre las cenizas, te digo que te quiero con amor. Jackson.”Vera volvió a releer la carta tantas veces como pudieron sus ojos de sueño porque a la mañana siguiente se despertó con una manta que le daba calor que le habría bajado su padre para que no cogiera frío. Desde la biblioteca podía oír los encargos que hacia su madre a sus ayudantes de cocina, como las llamaba ella, ya que no le gustaba el nombre de criadas; a Vera le venían olores de pescado, carne, pan y otros olores de manjares exquisitos. Fue a la cocina, allí estaban todas las mujeres ayudando y tarareando al son de una canción de la radio que sonaba retumbando en toda la cocina; Vera se sirvió un café y se fue a la terraza donde estaba su padre leyendo el periódico.
Durante el desayuno no hablaban mucho y si alguna vez lo hacían era sobre alguna noticia que leyera su padre en el periódico, pero esa mañana nada más salir a la terraza le dijo:
- Buenos Días, Vera, ¿Sabes quién va a venir también a la fiesta?- Vera negó con la cabeza
- El Señor Leyn y su esposa, ¿no es fabuloso?
En ese momento, Vera, se dio cuenta de que todo lo que había conseguido olvidándose de Nueva York le iba a llegar otra vez de un suspiro. Su padre la vio y le preguntó que qué le pasaba:
- Nada, si no te importa me voy a montar un poco a caballo ¿Vale?
- ¡Ten cuidado hija!
Vera hizo una señal a su padre diciendo que lo tendría. Subió a su habitación, se puso unos vaqueros viejos y se fue a galopar y a pensar en todo lo que había ocurrido esos días allí, en esa ciudad, que cada vez le gustaba menos. Siempre cogía al mismo caballo, su preferido desde que era cría. Era negro como la noche, pero al final de su cola tenía la punta blanca como una única estrella. Le gustaba saltar vallas y rosaledas sin parar, Vera pensaba que así podía escapar de sus pensamientos, pero en el fondo de su ser sabía que no.
Se le echó la mañana encima, volvió a su casa, dejando por el camino el caballo en el establo, comió tranquilamente con sus padres y se fue ora vez a leer, esa afición que ya casi no recordaba.
Durante este tiempo se le olvidó la hora hasta que entró su madre y le dijo:
- ¡Hija, todavía estás así, pero mira qué hora es, los invitados llegan dentro de hora y media. Venga sube a vestirte te he preparado ya un vestido!
Cuando Vera pasó por su lado le dio un sonoro beso en la mejilla y subió rápidamente las escaleras para ir a su habitación, se volvió a duchar, se peinó y se puso el vestido, era color vino, atado al cuello. Le gustaba, su madre había acertado en todo, se lo puso y luego, como hacía desde que era pequeña, fue a que su madre le echara el visto bueno.
- Vera, estás estupenda, deslumbrante...pero te falta algo...
- Tú también estás muy guapa mamá, muy elegante...Y no me falta nada ¡¡¡Estoy estupenda!!!.
Mientras Vera decía estas palabras su madre le ponía alrededor de su cuello un collar de diamantes que iba acabado en oro blanco.
- Ahora si que estás guapísima, hija.
- Gracias mamá, la verdad es que necesitaba una joya para lucir. Tú ¿Ya estás?
- Sí, ya estoy, habrá que bajar...estoy muy nerviosa.
- Seguro que todo está bonito y perfecto.
Las dos salieron de la habitación riéndose; ya en la fiesta todos comían, se rían y bebían. Cuando la comida acabó la gente empezó a pedir cócteles y a bailar. Vera se quedó sentada mientras sus padres bailaban muy enamorados en medio de la pista de baile, ¡cómo le gustaba verlos así!.
![[PADRE+Y+HIJA.jpg]](https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEgZk1-g1-amHRLoOxopToazckQsUr2UFQFW97AH7zinq5UgNj35_sBVu1ip1Il5du1nu4rkqhTKe5UhmcKwDH_dlppMSJ-qmpyTQvvP_tTN2iBQhhDIdD7CTtYhhoNkJ4oQbSh92k4jarPc/s1600/PADRE+Y+HIJA.jpg)
La música paró un instante y su padre y su madre se separaron. Ella intentó acercarse hacia otro grupo de invitados, pero su padre fue en su dirección y la sujetó de su mano.
- ¿Bailas con tu anciano padre?
- Papá, tú no eres mayor...eres un hombre con alguna cana. – dijo riéndose.
Pero sin que Vera se diera cuenta, alguien le dio unos toques en el hombro a su padre, cuando este se separó, ella, de la emoción, apenas pudo balbucear su nombre:
- ¡Jackson!...
Su padre se separó de ella para que Jackson le cogiera la mano, se la tomó con delicadeza y empezó a bailar con ella al son de la música.
-¿Qué haces aquí?- preguntó Vera nerviosa.
- Bailar contigo además de preguntarte por qué no me contestaste a la nota que te dejé, además he venido acompañando al Señor Leyn. Estás guapísima, brillas por ti misma con todo el esplendor de una luna en un cielo sin estrellas.
- ¡Qué pasa, te ha salido la vena de poeta!
- Si tú lo dices, quería comentarte lo que ponía en la nota...
- No quiero hablar de eso...
- Pues, vamos a hablar, cuando me contaste lo que supuestamente te hice empecé a hablar con compañeros de universidad con unos y con otros y averigüé quien te hizo lo que te hizo, fue Ryan Mackarnie, fue él y luego a mí me vendió tu tesis como si fuera de él.
- ¡Cómo iba a ser él, pero si era con el único con el que me hablaba de todos vosotros!
- Pues quien menos te lo esperas es...
- Pues ahora que lo dices, ¿no se vio envuelto en asuntos extraños? Hace mucho que no se sabe nada de él. ¿Tú sabes algo de su vida?
- Sí, la verdad es que murió de una sobredosis nada más salir de la universidad, apenas acabada la carrera. Así que pagó por su pecado.
Vera quedó en silencio y se dejó llevar hasta un sitio apartado donde los dos dejaron de bailar. Ella, sin poder aguantar más, lo besó. Un beso romántico, con miedo y con alegría; fue Jackson quien lo paró para pedirle que se casara con él y ella enseguida le dijo que sí.
- ¿Bailas con tu anciano padre?
- Papá, tú no eres mayor...eres un hombre con alguna cana. – dijo riéndose.
Pero sin que Vera se diera cuenta, alguien le dio unos toques en el hombro a su padre, cuando este se separó, ella, de la emoción, apenas pudo balbucear su nombre:
- ¡Jackson!...
Su padre se separó de ella para que Jackson le cogiera la mano, se la tomó con delicadeza y empezó a bailar con ella al son de la música.
-¿Qué haces aquí?- preguntó Vera nerviosa.
- Bailar contigo además de preguntarte por qué no me contestaste a la nota que te dejé, además he venido acompañando al Señor Leyn. Estás guapísima, brillas por ti misma con todo el esplendor de una luna en un cielo sin estrellas.
- ¡Qué pasa, te ha salido la vena de poeta!
- Si tú lo dices, quería comentarte lo que ponía en la nota...
- No quiero hablar de eso...
- Pues, vamos a hablar, cuando me contaste lo que supuestamente te hice empecé a hablar con compañeros de universidad con unos y con otros y averigüé quien te hizo lo que te hizo, fue Ryan Mackarnie, fue él y luego a mí me vendió tu tesis como si fuera de él.
- ¡Cómo iba a ser él, pero si era con el único con el que me hablaba de todos vosotros!
- Pues quien menos te lo esperas es...
- Pues ahora que lo dices, ¿no se vio envuelto en asuntos extraños? Hace mucho que no se sabe nada de él. ¿Tú sabes algo de su vida?
- Sí, la verdad es que murió de una sobredosis nada más salir de la universidad, apenas acabada la carrera. Así que pagó por su pecado.
Vera quedó en silencio y se dejó llevar hasta un sitio apartado donde los dos dejaron de bailar. Ella, sin poder aguantar más, lo besó. Un beso romántico, con miedo y con alegría; fue Jackson quien lo paró para pedirle que se casara con él y ella enseguida le dijo que sí.
Jackson le puso el anillo que había comprado. Un topacio con dos diamante a cada lado. Vera, sin poder evitarlo, empezó a saltar y a llorar de alegría.Siguieron bailando muy juntos, pero lo que no sabían ellos era que dos pares de ojos, desde la otra puerta, los miraban atentos. Eran los padres de Vera. Su madre lloraba y su padre orgulloso dijo:
- Nuestra niña y es la niña de otro.
Y ellos también compartieron su amor dándose un beso.
PARA LA GENTE QUE HA CREÍDO EN MI Y PARA LA PERSONA QUE LEYÓ EL PRIMER BORRADOR.
![[ANILLO.jpg]](https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEhsSPbgvP-6B-Q18o0N-Jkd-mtNCGIwAXthxmFfZaaQLWf-MCFQu0cGS9QbKESAABj_J0GVgYyFNvxdPirVjMgLAaMUsJiX6STjCQfNpJ8QjCGzIhDc8SdD-8R7sUXSXqD8WGNboyoXAv6F/s1600/ANILLO.jpg)
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