domingo, 30 de diciembre de 2012

Él, persona a la que observo.


En medio de esta persona y yo solo hay una mesa de café, es una hombre de mediana edad.
Escribe en su portátil; esta tan concentrado tanto que no se da cuenta que le estoy observando y escribiendo sobre él.
Tiene el pelo negro azabache, sin brillo; sus ojos son de color gris de esos ojos que no son comunes por eso me llaman la atención. De vez en cuando levanta la vista de la pantalla del ordenador para tomar un sorbo de su café y sigue tecleando mientras con la mano que tiene libre. Alguna que otra vez frunce el ceño porque quizás lo que escribe no tiene sentido y tiene que volver a empezar esa idea. Cuando duda de alguna frase que ha escrito se muerde las uñas, se toca la nariz o se apoya en el dedo corazón e índice.
Ahora se levanta del sofá, apaga el ordenador se viste con su abrigo negro, me sonríe le devuelvo la sonrisa y sale de la cafetería…quizás en busca de otro lugar en el que no lo observen ya que en este caso he sido yo la que lo ha debido de asustar, por fijarme demasiado en cada movimiento o en cada gesto que ha hecho. Creo que él ha ido a otro sitio a escribir pero sin darse cuenta él me ha servido a mi para escribir estas palabras.

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