Como cada miércoles que me bajo
en Tirso de Molina veo a un hombre mayor, con apenas pelo, en el mismo banco de
metal del metro, todos los mismos días de cada semana le veo allí sentado…ve
todas las personas que entran y salen de los vagones.
Nos observa a cada persona que
pasa por delante de él esperando quizás conocer a alguien o que una persona
desconocida con buen corazón se pare delante de él, le hable durante un momento
para que esté entretenido durante un instante que está ahí sentado.
Desde mi esquina le observo, de
vez en cuando se toca las gafas, se pone la mano en el corazón notando su
latido…quizás tiene miedo de no notarlo, de sentir que se para…de que la muerte
le venga a buscar. Veo sus manos. Ellas
cuentan la vida que ha tenido, en el trabajo en el que ha estado ocupado…puedo
imaginarme incluso cómo ha enterrado a su amor, a la persona que ha ocupado
durante 50 años su corazón.
Me imagino que cada vez que viene
a Tirso de Molina, es el lugar donde se conocieron, el lugar donde compartieron
por primera vez unas palabras la primera vez que se vieron y luego, día tras
día, volver a esta estación a la espera de volver a ver su sonrisa, sus ojos…y
sencillamente pedirle salir. Ella sonríe y se sonroja, él sonríe y se sonroja, salen
los dos del metro a la espera de que el frío viento les elimine el rubor de las
mejillas; los dos ven tenderetes de flores y ese mismo viento les trae el olor
de rosas, él se acerca a uno de ellos y compra una flor mientras que ella le
tira de la manga para que no lo haga, pero no le hace caso ya que le tiende la
flor y ella otra vez se pone roja tanto que no se puede diferenciar de la rosa
roja que se ha acercado a la nariz para olerla.
Cada miércoles le veo, vestido
con ropa oscura en su gran mayoría siempre negro, cada miércoles pienso qué
hace ahí sentado, solitario, cada miércoles me pregunto a quién espera que
salga de los vagones, cada miércoles le veo más cansado que el anterior, cada
miércoles le veo más anciano que el anterior, cada miércoles le veo más
apagado, sin vida, que el anterior, cada vez le veo…hasta que un día de los
tantos miércoles que tiene un año ya no
le vea y sepa Dios qué le ha pasado, quizás me imagine lo que le ha ocurrido,
que piense que ya ha conseguido reunirse con su media naranja, con la persona
que tanto le quiso y le quiere porque han vuelto a estar juntos, me imagino que
ahora es ella la que le tiende la rosa que en la primera cita le dio él.
Simplemente están juntos.